Fomento de la lectura

Este es el nombre que utilizamos desde hace ya varios años, cuando queremos iniciar campañas para convertir a los niños y niñas en lectores empedernidos y voraces.

Como objetivo es absolutamente loable. Nada que decir. Al contrario: nadie se alegraría tanto como yo de tener las escuelas ahora, y toda la sociedad dentro de unos años, llenas de lectores militantes y entusiastas.

Pero, como suele ocurrir con las campañas, se actúa siempre en pequeños tramos, sin un verdadero plan a muy largo plazo. Porque hay que ser realistas: lograr un país lector es una tarea de muchos años, en la que se ha de creer y que debe implicar a toda la sociedad.

Para fomentar el interés en los libros y la lectura, en el caso de que estemos tratando con un niño al que la lectura atrae aunque sea mínimamente, no es suficiente con regalarle un libro. Hay que enseñarle a «usar» este libro. Y con «usar» no me refiero sólo a enseñarle las letras y las palabras y las frases que se pueden formar.

No. Un libro necesita unas instrucciones. No las de un manual como el que llevan los electrodomésticos, sino un «instructor-lector» que le ayude a entrar en la magia de las imágenes y de las palabras. Alguien que lo acompañe en lecturas, en voz alta o silenciosas. Es necesario que alguien le comente o le haga ver la importancia de las ilustraciones, los colores, su función dentro de la historia que nos cuenta el libro y, sobre todo, alguien con quien poder hablar de esta lectura, alguien con quien compartirla y con quien poder comparar opiniones, emociones y sentimientos.

Y si compartimos sus lecturas, también podemos compartir las nuestras con los niños: un breve comentario sobre el tema del libro, sobre cómo nos hace sentir esa historia, o aquel ensayo o lo que sea que estemos leyendo, puede hacer más en favor de la lectura que horas de insistir para que lean.

Ir con ellos a las bibliotecas, a las librerías, a las ferias y puestos de libros que se organizan constantemente y en todas partes; dejarlos remover y elegir sus lecturas; encontrar un espacio en casa donde se sientan cómodos para poder leer y donde poder guardar sus libros.

Ser lector no es caro ni inalcanzable, las redes de bibliotecas escolares o municipales a estas alturas son lo suficientemente buenas para que nadie tenga que quedar sin poder acceder a la lectura.

Animaros a intentarlo, y que no os dé pereza leer a vuestros hijos un cuento o un capítulo de ese libro que han elegido, ni comentar con ellos como vive la aventura o con qué personaje se identifica… Pasarás un momento mágico.

Porque no podemos olvidar que la lectura es la puerta de entrada a cualquier conocimiento, y una lectura con conversación es el inicio de una gran amistad con los libros y con los niños.

Laia Morral – Bibliotecaria de la Escuela Sant Nicolau

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